Cuando mentir se convierte en costumbre

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Nos tiene acostumbrados el Equipo de Gobierno del PP a las mentiras continuas. Mentiras banales, la mayor parte de las veces. Mentiras exculpatorias, casi todas ellas. Mentiras innecesarias, siempre.

Mienten el alcalde y el Equipo de Gobierno, a veces, para salvar los muebles a sus compañeros de Madrid. Y éstas no son mentiras insustanciales ni justificables ni comprensibles. Así nos dicen, una y otra vez, que las obras siguen al ritmo previsto. (Miramos para FEVE y nos dan ganas de llorar). Mienten para decirnos que la apertura de la Ciudad del Mayor se retrasaba por falta de un gobierno (Y entonces pensamos que el retraso suma cinco años). Mienten para explicarnos que un AVE nos comunica con Madrid desde septiembre del año pasado. (Y seguimos sin verlo llegar, que los que nos traslada es un tren de velocidad alta)… Y así en ese suma y sigue llegan las mentiras estúpidas.

Dicen ahora que nos han entregado a todos los grupos de la oposición los presupuestos para el próximo año. Es mentira. Y lo más sorprendente no es que sea así. El pasado año ya nos lo entregaron a punto de cerrar el ejercicio anterior y, por supuesto, sin poder cumplir los plazos para su entrada en vigor el 1 de enero. (El alcalde los presentó a la prensa el día 30 de diciembre y luego nos lo hizo llegar a los portavoces).

Lo más sorprendente es la gratuidad de una mentira innecesaria y, a todas las luces, desmontable. ¿Para qué? ¿Para tener una buena imagen en los medios de comunicación que es lo que al alcalde le importa realmente? ¿Mienten para justificar que solo le han entregado las cuentas a sus socios de Ciudadanos que o bien necesitan más tiempo para estudiarlos que el resto o bien el PP necesita más sus votos? (Va a ser esto último, también)

Quizá solo sea que Silván en su papel de alcalde dialogante, transparente y «consensuador» (si el palabro sirve)  se había quedado sin argumentos en los últimos meses que avalasen este rol.  Se había quedado sin fotos a su paripé de consenso. Y hay cosas que Silván lleva mal. Esa es una. Otra es que puede tolerar Silván sentirse solo, verse solo, y es capaz de votar hasta en contra de uno de sus concejales para no perder una votación en el pleno.

Da igual, aunque solo nos den los presupuestos con 48 horas que marca la ley seremos capaces de estudiarlos y enmendarlos. Aunque la gran duda es si servirá de algo. Todavía no se ha aplicado las enmiendas aprobadas el pasado ejercicio. Y aún hay más. No se han ejecutado ni las propuestas que el alcalde Silván redactó, presentó (no una, sino varias veces) y publicitó “cienes y cienes” de veces. El presupuesto es, y será, papel mojado. Y, de momento, papel oculto en los cajones de Rajoy, en los que tantas cosas se acumulan.