El problema nunca han sido los alcaldes

DIEZ PUENTELa visita del alcalde de Valladolid, el compañero Óscar Puente, ha sido saludada por los medios de comunicación y por la propia Junta de Castilla y León como una cita histórica. La ruptura de décadas de desencuentro, la caída del telón de acero, la etapa del fair play, el encuentro histórico… son algunos de los “epítetos hiperbólicos” usados para esta cita.

Y es que, con estos calificativos, se centra en un presunto enfrentamiento la atención de un foco que tiene, a mi juicio, otro eje central. Y es que los problemas entre León y Valladolid, entre Valladolid y León, nunca han sido ni los alcaldes, ni los leoneses, ni los vallisoletanos.

Ni siquiera sería negativa, si la hubiera, una rivalidad entre ciudades. En muchos otros casos, Bilbao-San Sebastián, Vigo-Coruña, Oviedo-Gijón, Sevilla-Málaga… Avivando las iniciativas, incentivando el trabajo…esta “lucha” ha hecho crecer a todas.

Pero aquí, el problema siempre ha sido, y lamentablemente, sigue siendo la Junta y quienes durante décadas la han gobernado.

Las políticas del Partido Popular han provocado no sólo una pérdida demográfica que ha afectado gravemente a la provincia y el municipio de León. Una sangría poblacional que ha ido acompañada por un consecuente envejecimiento poblacional, pérdida de la tasa de actividad y gran dependencia económica de las prestaciones.

Durante estos años, los representantes del Partido Socialista hemos reclamado medidas que paliasen esa situación a la vez que demandábamos una discriminación positiva que pusiese freno y corrigiese el desarrollo asimétrico que, esas mismas políticas conservadoras y a nuestro juicio injustas, generaban para León y los leoneses.

El desarrollo autonómico no ha tenido en cuenta la singularidad de la comunidad autónoma que como su Estatuto indica está formada por dos regiones. La Junta –y ahí están las estadísticas para confirmarlo- ha apostado por el eje de desarrollo industrial y económico Valladolid-Palencia-Burgos y el desarrollo de las instituciones ha sido paralelo.

No podemos obviar que existe una centralización del poder  y los servicios en este eje y, sobre todo, en Valladolid que dificulta las inversiones, la movilidad geográfica y la generación de empleo en otras provincias.

Por ello, para una verdadera vertebración de la comunidad y, por supuesto, para un desarrollo más justo de León, desde el Grupo Municipal Socialista del Ayuntamiento de León entendemos necesaria:

Descentralización de la Junta de Castilla y León que permita la ubicación de más servicios en el resto de la comunidad. (La ubicación en Valladolid de las sedes administrativas y ejecutivas de la Junta, y del legislativo, ha generado una concentración de funcionariado, servicios y sinergias que ha perjudicado claramente al resto de las provincias)

La admisión de que, tal y como recoge el Estatuto, Valladolid no es la capital de la Comunidad por lo que no debe recibir de forma tácita (aunque no sea explícita) ese reconocimiento.

El establecimiento de un Comité de Rutas que desarrolle de forma óptima, armónica y rentable todos los aeropuertos de la Comunidad sin primar, de forma explícita u oculta, al aeropuerto de Valladolid.

El desarrollo armónico de las infraestructuras en todas las provincias, con especial tratamiento a aquellas cuyas cifras económicas (tasa de paro, de población activa, renta per-cápita) así lo precisen.

El desarrollo de infraestructuras conjuntas que beneficien a todas las provincias. En el caso de León  y Valladolid la autovía que una ambas ciudades, de forma urgente.

El desarrollo de un mapa de titulaciones de las universidades de Castilla y León que permita la supervivencia y optimización de todos los centros públicos.

Y el reto para quienes trabajamos para y por León es revertir una cifra que, sin duda, lleva a la reflexión. El saldo entre leoneses que viven y/o trabajan en Valladolid y vallisoletanos que viven en León es totalmente desequilibrado. 13.273 leoneses tienen su residencia en Valladolid mientras que solo 4.332 vallisoletanos residen aquí.

Hay que equilibrarlo con estas medidas a la que previamente hice alusión.