La anécdota, el sello y “Castillaleón”

Anécdota es cuando vas a matasellar un sello y te machacas un dedo; anécdota es cuando al subir para presentar un sello, tropiezas; es anecdótico gritar “Viva Honduras” en El Salvador, o viceversa.  Quizá sean eso anécdotas curiosas, pero el hecho de que al ir a diseñar, elaborar, imprimir y distribuir un sello de León la foto imagen elegida, que se repartirá por miles de hogares y formará parte de las colecciones filatélicas más importantes, sea la de la catedral de Burgos, no es anecdótico, ni siquiera curioso o gracioso como pudo parecerle al alcalde de León, Antonio Silván, que así lo calificó.

Anecdótico es, por definición, algo no habitual, y la confusión con León constituye, desgraciadamente, una costumbre. Este es, quizá, un ejemplo más, distribuido, eso sí,  en miles de sellos –no sabemos la tirada que el señor Cuesta obvió para que no duela aún más que no se retire-. Es algo más que una anécdota es un agravio, un agravio más que nos hacen con nuestra cultura, nuestro patrimonio y nuestra historia

Para el anecdotario de esta ciudad hubiera quedado que el alcalde y el presidente de la Diputación se hubieran percatado previamente, en sus despachos, de que el sello que tenían las manos y que iban a presentar para su mayor gloria no era ni de su catedral ni de su ciudad, y ellos hubieran comentado al presidente de correos este error y exigido, antes de que nadie se diera cuenta, una subsanación. Y no hubiera pasado de una anécdota si no se hubiera llegado a una presentación –preparada con pompa y boato formal- en la decenas de personas permanecimos atónitas mientras veíamos como se desbarataba todo el proyecto.

No es solo una anécdota que en los sellos de la provincia aparezca para siempre la catedral de Burgos como antes estuvo en los libros de primaria que durante años estudiaron nuestros hijos y en los que aparecían la seo Burgos como reflejo del mejor gótico aunque la foto era la de León. No nos dejan llamarlo conspiración así que diremos que es inutilidad, indiferencia o dejadez.

Pero tampoco es anecdótico es que el alcalde y el presidente de la Diputación permanezcan impasibles mientras el presidente de correos dice Castilla-León, que no haya ninguna reacción cuando se olvida como un mantra esa “y” copulativa que tanto costó, esa y que en el Estatuto de Autonomía que somos dos regiones diferentes y que, por eso precisamente, omiten.

Anécdota sería si ocurriese esporádicamente o fuese irrelevante

Anécdota sería si ocurriese esporádicamente o fuese irrelevante que no es el caso, pero lo que acontece con León no es un cuchufleta si ya se convierte una rutina, el agravio continuado con nuestra cultura, con nuestro patrimonio, con nuestra historia, con nuestro reconocimiento como región, con nuestra lengua y, claro, con nuestras infraestructuras y con nuestros proyectos. Quizá esto para Silván también sea una anécdota pero para nosotros es una tradición. Y lo grave es que ya le restamos importancia a un agravio consolidado, sea en un sello, una revista que pagamos todos o en el Boletín Oficial de la Comunidad y así nos va como nos va y estamos donde estamos.

¡Viva “Castilla y León”! ¿Y? ¿Cuál es el problema?