Pedro Llamas ha sido purgado, pero aún no lo sabe

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Foto de Leonoticias del Equipo de Gobierno balance de primer año de mandato de Antonio Silván en León.

Miraba y remiraba la foto del Equipo de Gobierno, esa de orla de fin de curso de los alumnos concejales del PP a quien su tutor los puso un sobresaliente en el primer trimestre sin esperar siquiera a los exámenes y en la que algo no me cuadraba. Silván aparece flanqueado de su equipo para un autocomplaciente balance en el que deduce que León va bien y la creación de empleo y la recuperación ya para el año que viene, si eso. Hasta que me percaté. En la foto faltaba el concejal más celebre del mandato, el concejal que ha sido capaz, él solo, de poner de acuerdo al pleno y no obtuvo ni un voto que le refrendara –ni el suyo- y se opusiera a su reprobación. El concejal que admitió que inició una obra sin licencia porque era su práctica habitual.

Dicen que la historia nos ilustra con ejemplos que permiten arrojar luz y comprender e interpretar mejor la realidad que nos rodea. En la Unión Soviética se hizo tristemente célebre Stalin por su manera brutal de eliminar a los disidentes, que primeramente fueron fieles colaboradores. Su obsesión por borrar todo rastro de quienes dejaron de servir a su causa personal llegó hasta el extremo de proceder a borrarlos de las fotos.


El paralelismo, salvando todas las distancias, lo trazamos en el plano de la asunción de responsabilidades políticas. Recordemos que Llamas, siendo concejal, empezó una gran obra sin tener las licencias oportunas, el Ayuntamiento se la paralizó en consecuencia y ha sido sancionado administrativamente como infractor, y reprobado en sesión plenaria, es decir, ha perdido toda legitimidad para seguir siendo concejal. Como el hombre es el único animal que tropieza en la misma piedra, parece que la historia se ha repetido, ahora en forma de obra menor, pero esa es otra historia que está empezando a contarse y que tiempo habrá de valorarla.

Volviendo al tema que nos ocupa, incomprensiblemente, el alcalde Silván no cesó a Llamas una vez fue reprobado. Desoyó el mandato que le dio el órgano que lo puso en la alcaldía y que le otorgó la legitimidad para gobernar. Pero, meses después, está claro que ha rectificado y, por la vía de los hechos, lo ha hecho y de manera un tanto fría y cruel. Lo borró de la foto de camaradería de su grupo de concejales en un acto en el que precisamente pretendía poner en valor la gestión de su equipo. Todo un mensaje.

Silván, innovando, lo ha hecho al revés que Joseph Stalin. El totalitario dictador soviético purgaba a sus colaboradores, los desposeía de todas sus competencias y les condenaba, como poco, al ostracismo o al destierro. Luego, los borraba de la foto. Antonio Silván lo ha realizado inversamente: desapareció primero de la foto. Que se dé por cesado. Ya ha sido reprobado por el alcalde. Y de qué manera.