Se les rompe España mientras hacen añicos León

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La cantinela que el Partido Popular repite desde hace años, “Se nos rompe España”, le has conferido un importante rédito electoral. Quizá no tanto por sus resultados positivos sino por los efectos colaterales que ha acarreado. Centrados todos en el tema catalán vamos olvidando que, por primera vez en la historia, un presidente declaraba en la Audiencia Nacional por la  corrupción de su partido, por la financiación ilegal del partido que sostiene el gobierno en España, Castilla y León y León.

No podemos obviar que nuestra democracia sufre una importante crisis institucional causada, entre otras cosas, por las tensiones territoriales a las que, de una parte, nos ha llevado el inmovilismo estéril y la incapacidad para el diálogo de algunos responsables institucionales y, de otra, los embates soberanistas al margen de la Constitución y la ley, que han venido a poner en cuestión la unidad de España, cerrando los ojos, en ambos casos, a la realidad y a las posibilidades de una reforma bien pactada con la necesaria profundidad democrática.  Es evidente que debemos estar firmes en la defensa de la legalidad y de la Carta Magna. Y, ahí, el PSOE ha dado siempre una lección. Sin búsqueda de intereses partidistas y teniendo clara la hoja de ruta.

Pero ese inmovilismo se ha intentado tapar con maniobras desconcertantes y con juegos de despiste. Por todo ello, ya no sorprende que el Partido Popular haya querido trasladar el problema nacional a todos y cada uno de los ayuntamientos de nuestro país. La resolución o el agravamiento de este desafío, pasa, sin duda, por la decisión que tome el Gobierno de Mariano Rajoy aunque debería estar sujeta a un debate sosegado en las Cortes.

Más asombra que en el mismo seno de esos ayuntamientos, el alcalde se niegue al debate de cuestiones tan esenciales como la movilidad en el municipio o la reclamación de una deuda millonaria pero ampare e incentive un debate sobre el desafío soberanista y una declaración –y van dos en este mandato- sobre la unidad de España.

Quizá extraña menos si pensamos que ese mismo alcalde está más preocupado por lo que ocurre a la ribera del Pisuerga que del Torío.

Poner una cortina de humo sobre lo que interesa es lo que Silván hizo el viernes 28, en el último pleno municipal. Se negó, con sus votos y los de Ciudadanos, a debatir una moción presentada por los grupos socialista y leonesista para analizar cómo debe abordarse la obra de Ordoño II. ¿Hay que reclamar ya a la empresa concesionaria del parking que haga las obras que debe, que pague su deuda –que supera el millón y medio de euros- a los leoneses? ¿Hay que peatonalizar esta vía o adecentarla con 599.000 euros sin hacer frente a los problemas de movilidad? Silván es el mayor ejemplo de contradicción entre lo que hace y lo que pregona. Pocos representantes tan ajenos al diálogo con la oposición y, sin embargo, tan reiterativos en presumir de consenso y transparencia.

Negó ese debate como niega al pleno la discusión y aprobación de los convenios que suscribe el ayuntamiento o de las obras que licita. Mientras, pretende entretenernos con el debate de la ruptura de España.

Que nadie dude que el PSOE siempre estará en la defensa de la legalidad y la Constitución, y contra cualquier intento de romperla. Somos conscientes de que frente al desafío independentista se debe contar con la unidad y la coordinación de las fuerzas constitucionalistas. Rechazamos por tanto, el referéndum ilegal planteado por el gobierno catalán, y reiteramos que sin respeto a la Ley no hay democracia.

Esta expresión de apoyo del PSOE a la Constitución y a la defensa de legalidad ha quedado constatada desde su promulgación pero también ante los últimos ataques a la Carta Magna. No queda, por ello, ninguna duda de nuestro respaldo, como partido político, al fondo de esta cuestión.

No obstante, los representantes del PSOE nos abstuvimos de una moción del PP contra la convocatoria (aún no hecha) de un referéndum en Cataluña y el respaldo a las instituciones para hacer cumplir la Constitución. Solo faltaba que no apoyáramos la Carta Magna. No hay que recordarlo cada día. Lo prometimos al jurar nuestros cargos de ediles. Pero traer al consistorio de León esta moción se trata de una cuestión fuera de lugar. Porque los partidos representados en el pleno municipal están defendiendo donde corresponde estos principios y porque no nos pertenece a nosotros, como representantes municipales, abordar temas que exceden nuestras competencias y, también, nuestro ámbito de actuación.

De nada sirve el respaldo o el rechazo a la votación que ahí realicemos ya que carecemos de posibilidades de hacer nada frente a temas como la convocatoria de un referéndum en otro territorio. Quizá el debate y los argumentos serían otros si lo que debatiéramos fuera el futuro de León como comunidad uniprovincial o, sin llegar a tanto, el desarrollo de León dentro del –a nuestro juicio- desequilibrado impulso autonómico.

Y aquí quiero recalcar que, de la responsabilidad de todos los grupos municipales, comencemos a efectuar un uso más racional de la posibilidad de la moción cuando el articulado de la misma exceda el ámbito competencial del propio Ayuntamiento y el ámbito territorial del municipio al que representamos. La aprobación de mociones no ha dado, desde luego, los frutos esperados pues no hemos sido capaces de ejecutar ni siquiera aquellas para cuya ejecución no dependíamos de nadie. Y ahí le recuerdo, señor Silván, su obligación de cumplir el mandato plenario manifestado en estas mociones.

Por ello, asumo y propongo al resto de los grupos que atendamos a la lógica y la responsabilidad y no llevemos al pleno requerimientos sobre asuntos que no nos competen y, sobre todo, sobre los que no tenemos ninguna capacidad de decisión.

Representemos a nuestros vecinos en aquello para lo que nos han elegido, la gestión municipal y la mejora de las condiciones de vida y de futuro, pero dejemos de enarbolar otras banderas que ellos no nos han dado ni nos han pedido que portemos.