Silván, año cero

 

No quiero cometer el error, muy fácil cuando estás al frente de la oposición con un gobierno paralizado, de caer en el derrotismo. No es sencillo hacer un balance cuando apenas vislumbras datos positivos con los que contrarrestar una imagen pésima de una ciudad que se despuebla, empobrece y separa de los balances de actividad, empleo y generación de riqueza. Y no es fácil cuando, además, consideras que existen en León posibilidades de desarrollo, de generar futuro y riqueza y que sólo la nula voluntad de quienes ahora rigen los designios de esta ciudad paralizan todas ellas.

Ejemplos como la Capitalidad Gastronómica, un proyecto del PSOE ratificado en septiembre de 2015 con el respaldo mayoritario del pleno y plasmado ahora ya en realidad, evidencian que existen proyectos capaces de aunar voluntades y sacar a esta ciudad, a esta provincia, del letargo. Es necesaria unanimidad, pero también apoyo institucional y, por supuesto, imaginación.

Superado ya el ecuador de la legislatura, Antonio Silván ha demostrado que no tiene ni imaginación ni ambición para la ciudad y se enfrenta a su último ejercicio completo en este mandato con un bagaje tan pobre que parece que su año no hubiera existido. Lamentable balance para alguien que viene de dos décadas de dedicación política y que, debería, haber empezado a recoger las migajas de una recuperación que, como he dicho en algunas ocasiones, sólo aparece en las cuentas del Partido Popular y en estadísticas de alguna de las ciudades de nuestro entorno a las que esta formación ha querido distinguir con su apoyo.

Mientras alrededor de León comienzan a recuperarse los datos de actividad e, incluso, de generación de empleo, León sigue cerrando todas las estadísticas y lo hace por méritos propios de políticos como su alcalde que no han sido capaces de desarrollar aquellos proyectos capaces de revertir la situación. Torneros es el más claro ejemplo, punta de lanza de un plan de desarrollo logístico que debía contar con el lanzamiento de las infraestructuras y el transporte local y que sigue arrinconado en un cajón en los despachos de Fomento.

De poco nos van a servir los 14 millones de euros procedentes de los Fondos de Desarrollo Sostenible si a día de hoy, seis meses después de lograrlos, no hemos sido capaces de diseñar un proyecto para su aplicación optimizada. Ocurrencias, “tapar agujeros” y contratos extraños son, de momento, el destino que el PP ha dado a estos fondos que, por otro lado, aglutinarán las escasas inversiones de una ciudad, que tantas necesita, en solo un área.

La incapacidad para desplegar proyectos constituye, sin duda, el principal problema de Antonio Silván. Dos años y medio después de su toma de posesión, solo ha sido capaz de inaugurar el cambio de césped de un campo de fútbol. Sus grandes proyectos han sido sistemáticamente paralizados, por la negligencia de su equipo, la volubilidad de sus compañeros de viaje y su sorprendente incapacidad para dialogar y pactar proyectos con el resto de las formaciones políticas. Resultado de estas causas aparece el retraso en la tramitación de todas y cada una de las obras o mejoras previstas para la ciudad: la conclusión del Palacio de Congresos, la peatonalización de Ordoño II, la construcción de nuevos carriles bici, la renovación del sistema de alumbrado público, la mejora del servicio de préstamo de bicicletas, el uso para el teatro Emperador y, por supuesto, el mantenimiento que genera recriminaciones constantes y más de mil quejas mensuales por el estado de calles, jardines y servicios.

En su cartera de trabajos pendientes tiene aún el alcalde decenas de proyectos más de los que destacaremos la solución a la integración de FEVE en León –lástima que él no considere importante cómo, cuándo y qué tren llegará al centro de la ciudad-, la dignidad para un Conservatorio de cuya puesta en marcha se convirtió en cómplice del consejero de Educación y, por supuesto, la apertura de la Ciudad del Mayor, el previsto como gran centro de referencia nacional para la atención a personas mayores que saca los colores a decenas de políticos del PP que han presumido de soluciones fallidas durante un lustro. No ha sido capaz el alcalde, fruto de su conformismo, de sacar adelante proyectos imprescindibles para la ciudad y así se lo recordarán los leoneses;  sobre su silencio han consumado sus compañeros de partido los recortes para el proyecto de la integración de la Alta Velocidad y la intermodalidad del transporte en León (le recordamos que en Valladolid se invertirán 450 millones de euros y aquí poco más de 30), el avance de la autovía entre León y Valladolid, el enlace ferroviario con Asturias o la paralización del proyecto del Centro Regulador del Control del AVE.

Mucho, mucho, tiene que trabajar Antonio Silván en este próximo año 2018 si quiere paliar los efectos de unos ejercicios anteriores marcados por su falta de iniciativa, el “laissez faire, laisser passer” que ha copiado de su jefe de filas, que consagran un agravio constante con León. Desde el Grupo Municipal Socialista seguiremos apostando por León, presentando iniciativas como la puesta en marcha de un plan de retorno de los leoneses emigrados, luchando por discriminación positiva para León y para que, con la implicación de la Junta de Castilla y León en la economía de la provincia, podamos asentar empresas y empleo. Sólo la implicación de todas las administraciones, políticas activas e imaginativas, el tirón de las instituciones y del empleo público pueden cimentar el tejido para que los leoneses no se vayan. Un duro reto que ni alcalde, ni presidente de la Junta o Gobierno quieren asumir.

 

 

Tribuna publicada en Diario de León, 31 de diciembre de 2017